Una policía víctima de un estado, y una población mascarada por su policía.

una-policia-victima-de-un-estado,-y-una-poblacion-mascarada-por-su-policia.

Ser un policía en cualquier Estado organizado no es lo mismo que serlo en la Republica Dominicana. Y es distinto desde el momento mismo en que quienes aspiran a fungir como gendarmes de la ciudadanía conciben la idea de estar al frente del orden público. Para cualquier país de constitución democrática y cuyo cimiento este pensada y creada con el fin de dar y salvaguardar derechos, un individuo que busca pertenecer a esta importante institución es motivado por la vocación y la pasión de servir a su país, y por un Estado que ha creado mínimamente las condiciones para que lo que este hombre o mujer desea, pueda ser convertido en una realidad.

Ser un policía en países como España, Colombia, o Estados Unidos, no solo significa ser un técnico muy bien entrenado para esos fines, sino, que además, es un individuo que recibe del Estado al cual procura garantizarle la paz y la seguridad ciudadana, un salario justo por la función que ejerce, que si bien no le permite tener una vida llena de excesos, con lo que devenga, tiene derechos a cosas como la alimentación, la salud, vivienda, transporte, educación etc. Claro está que el mérito también juega su roll, y se ve manifestado toda vez que uno de esos miembros obtiene logros que suelen ser reflejados en rangos, que es igual a un aumento de salario. No queda dudas que una estructura de esa naturaleza estimula a quienes se convierten en celadores de la sociedad a la que pertenecen, a conducirse conforme a las normas que lo rigen.

República Dominicana tiene una estructura policial que difiere de la que hoy prima en la mayoría de países, y es así, porque en este pedazo de isla esa institución no fue creada con el fin garantizar el derecho a la convivencia social de la población, ni mucho menos para hacer cumplir los sueños de quienes quisieron ser parte de la misma por vacación, sino, todo lo contrario, generar represión, que es lo mismo a conculcar derecho de los ciudadanos. De ahí que para ser policía dominicano no se requiera de valores tan elementales como la honestidad y la honradez, y solo se le pida a quien tiene como fin pertenecer a cuyas filas estar en disposición de acorralar a la población, cuando si, como mandato de un jefe inmediato esa haya sido esa la misión.

Porque, a todo esto, aunque es una policía que paga la ciudadanía, parece ser propiedad de cada jefe departamental o de demarcación, que ve en el rango que ostenta la oportunidad para un avance social individual por las vías que sean necesarias, que a decir de muchos, no siempre son las más convencionales y mucho menos licitas, y tampoco las que le permiten a los ciudadanos convivir en una población segura y alejada de todo tipo de criminalidad. Más bien son actos que les permiten llevar una vida de pequeños burgueses, los cuales les ínsita exhibir fortunas que a todas luces ponen a dudar al menos ducho.

Toda esa bonanza enarbolada por quienes logran ser los denominados comandantes de zonas, son el motor de estímulo y el ejemplo perfecto para uno que otro subalterno que ven en las vías utilizadas por su jefe el eslabón más seguro para salir del sitial de pobreza al que siempre a pertenecido . Y lo hace sin importar que las consecuencias de sus acciones impliquen la propagación de un mal que sido creado a una sociedad que a él le ha delego su cuidado.

Proteger a quienes pagan por su servicio nunca ha sido la motivación original de una gran cantidad de dominicanos que entran a las filas de la Policía Nacional, y no podría serlo porque el salario que desde esa institución históricamente se ha pagado, no cubre en la vida de este ente ni siquiera una mediana alimentación. E ahí la falla desde que el órgano fue concebido, y justo en ese error consiente radica la causa que abrió la brecha para que en vez de estar el mencionado órgano manejado y custodiado por hombres y mujeres capaces , honestos , y decentes , a el mismo se hayan colado , individuos de malas intenciones que solo necesitaban el uniforme, las insignias y el arma de reglamento con la cual se garantizarían el éxito de la comisión de un delito , la extorsión o el abuso del que ha sido víctima nuestra población por parte de estos miembros.

Hoy nuestro país cuenta con un nuevo partido en el gobierno, que como promesa de campaña, además de otras cosas, prometió garantizarle a esta población la seguridad ciudadana que tanto ha deseado. Por ello, y Como parte de lo que ha sido llamado el cambio, el presidente Luis Abinader se enfrasco en la elaboración de un texto que servirá como propuesta de reforma a la muy desacreditada institución, y para tales fines, se auxilió de una serie de profesionales cualificados en diferentes renglones del saber científico y social. El ya concluido documento se espera sea dado a conocer en el discurso que el mandatario esta supuesto a emitir el próximo 27 de febrero, y en ese sentido aspiramos, que más que la corrección en algunos puntos del manejo que ha tenido nuestra fallida la policía, esta sufra una suerte de refundación, porque, de lo contrario, como dice la biblia, sería poner remiendo de paño nuevo en vestido viejo. Y siendo así, no serviría de nada.

Scroll al inicio