En el ámbito del ejercicio profesional de la Diplomacia, los asuntos culturales se sitúan, metódicamente, como una eficaz tarjeta de presentación para diversos Estados, en sus esfuerzos por obtener una proyección que contribuya eficazmente a lograr el posicionamiento internacional que se han propuesto, generando “un clima de cooperación propicio a los negocios e inversiones” y al turismo.

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