La consulta para escoger el candidato presidencial que el PLD decidió suspender había generado tanto recelo y cuestionamientos internos que la organización optó por evitar con su celebración una confrontación de más envergadura. El proceso había arrancado con muchos tropiezos, comenzando con una elección antes del periodo estipulado por la Junta Central Electoral (JCE). Se corría el riesgo entonces de que la elección fuera anulada en caso de ser impugnada por algún dirigente o precandidato. La excusa para cancelar la consulta prevista para el 18 de octubre que encontró la Comisión Organizadora de la Consulta sobre Aspirantes Presidenciales (Conap) es que no cuenta con los equipos tecnológicos necesarios para cumplir con el mandato de realización de votación de manera automatizada. La coordinadora Cristina Lizardo explicó que el proceso requería un mínimo de 2,200 aparatos, incluidos los destinados a contingencias, para desarrollar la jornada. La exclusión del padrón peledeísta de inscritos con múltiples afiliaciones, unos 523,781, había generado inconformidad por lo menos en Francisco Javier García, uno de los cuatro precandidatos. Con tantos inconvenientes la consulta era arriesgada.

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