Allí estaba él, con su impecable uniforme de Generalísimo, atiborrado de condecoraciones, su sombrero bicornio en el palco presidencial. Al parecer nadie le informó que para la ocasión el atuendo debía ser otro y que el protocolo del béisbol exige que la primera bola se lance desde el centro del terreno.
De la pelota bajo luces a una industria del béisbol





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