El caso de la joven muerta a tiros en Yamasá por su expareja vuelve sacudir a la población y sonar la alarma sobre la plaga maldita de los feminicidios, contra la que no se ha encontrado una vacuna eficaz para combatirla. El generalizado rechazo, los clamores ni las medidas que se han adoptado han bastado para evitar crímenes como el de Aurelina Valdez, madre de tres hijos. Durante el mortal ataque, del que se acusa a Ignacio Belén, resultó herida de un balazo en un brazo la madre de la víctima. Las versiones indican que Belén llegó a la residencia de su expareja en la comunidad de La Colonia y que sin mediar palabras la emprendió a tiros contra ella y la madre. El caso plantea que endurecer las penas, las órdenes de alejamiento y hasta las casas de acogida de las mujeres que se sienten amenazadas por parejas o exparejas están lejos de ser la respuesta contra los feminicidios. Cada crimen es un desafío no solo para las autoridades, sino para la sociedad.

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