El reciente partido entre las selecciones de Haití y República Dominicana, celebrado en esta capital, dejó una lección incómoda sobre identidad, migración y odio. Lo que debía ser una fiesta deportiva se tornó en motivo de alarma para sectores que vieron en la masiva presencia de aficionados haitianos —la mayoría jóvenes y en muchos casos nacidos y criados en territorio dominicano— una afrenta a la soberanía.
Haití: nuestro vecino





Comentarios