La violencia dominicana no nació ayer ni puede explicarse con el cómodo expediente de la «falta de valores». Es un fenómeno multicausal, donde se cruzan psiquis, familia, cultura, desigualdad económica, instituciones y poder político. Reducirlo a una supuesta degeneración moral colectiva es, además de simplista, una manera de no tocar sus verdaderas raíces.

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