A usted podrá importarle un carajo la vida personal y la trayectoria profesional del periodista Juan Bolívar Díaz. No debería ser, tratándose de uno de los referentes más emblemáticos en toda la historia de la comunicación social en el país. Pero en el supuesto de que lo sea se privaría del orgullo de conocer un símbolo viviente de la nación. Porque eso es él.





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