Ante las muertes y destrucciones causadas por las guerras, alienta cada vez que levanta su voz contra los conflictos bélicos. La ausencia de interlocutores y de voluntad para dialogar hacen de su voz uno de los pocos instrumentos para reclamar siquiera un ápice de paz. Al no defender más que intereses humanos y espirituales su exhortación debería ser acogida por los propulsores de los conflictos bélicos. Pero, aunque no lo hagan, hay que insistir en el llamado a la paz.

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