En política existe una de las confusiones más frecuentes y peligrosas para quienes ejercen funciones públicas: creer que un cargo equivale automáticamente a liderazgo. No son pocas las personas que, apenas son designadas como ministros, directores, senadores, diputados, alcaldes o titulares de una institución, comienzan a verse y a comportarse como si ya fueran líderes. Sin embargo, la realidad demuestra que una cosa es ocupar una posición de poder y otra muy distinta es haber conquistado el liderazgo.

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