Las muertes de reales o supuestos delincuentes en alegados intercambios de disparos con la Policía no se han quedado, a diferencia de otros tiempos, en el escarceo mediático. O en la indignación de quienes ven los homicidios como una cacería o en el respaldo de quienes se identifican con la aplicación del llamado “código 29” en la lucha contra el raterismo y la criminalidad callejera a nombre de la seguridad ciudadana y el orden público.

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