Lo que parecía una llegada tranquila a casa terminó en un atraco de cuatro patas y sin dejar rastro. Un hombre llegó en su motor con la cena en las manos, pero jamás imaginó que, en cuestión de segundos, pasaría de tener el plato asegurado a quedarse mirando para el techo… ¡porque el hambre de un perro pudo más que cualquier vigilancia!

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