Parece una comedia de mal gusto el reclamo a las autoridades haitianas del secretario general de la OEA para que propicien un clima menos incierto que garantice la celebración de elecciones el 13 de diciembre. El diplomático Albert Ramdin, quien se reunió con el primer ministro y otros funcionarios haitianos durante una visita al país, sabe que reducir la violencia y la inseguridad provocadas por las pandillas ha resultado imposible hasta para contingentes militares internacionales. Si Estados Unidos y organizaciones como la OEA y la ONU no intervienen para garantizar la seguridad y el orden, las elecciones en la vecina nación pueden darse de antemano como un rotundo fracaso. Hoy por hoy el Gobierno haitiano carece de los recursos logísticos para mejorar la seguridad y menos para contener la incidencia de las bandas criminales. El panorama con que se encontró en Haití, que se supone que de alguna manera conocía, es para que el secretario general de la OEA promueva una intensa jornada internacional para combatir la violencia y restaurar el orden y la seguridad en el país vecino. Pero con llamados al Gobierno del primer ministro Alix Didier Fils-Aimé no hace más que deslizarse por la tangente.

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