Con todo y que no hayan causado más que pánico, los sismos nos recuerdan las orientaciones y previsiones necesarias para amortiguar el efecto de los fenómenos atmosféricos. La gente debe saber cómo reaccionar ante las primeras señales de un temblor, pero las autoridades tienen también sus responsabilidades. La intervención en el momento con las medidas aconsejables parece lo más obvio. Pero los movimientos telúricos recuerdan la rigurosa supervisión técnica de obras de infraestructura para que se cumpla con las normas antisísmicas. Sin sacudida de tierra son muchas las construcciones que se han desplomado por fallas en sus estructuras. Siempre que ocurre un terremoto surge la interrogante de si el país está preparado para un movimiento de gran magnitud. Es una inquietud sobre la que deben reflexionar las autoridades. Aunque no guarden relación, después de los sismos que causaron grandes estragos en Venezuela y Colombia hay más necesidad de fortalecer las prevenciones contra los fenómenos. Y más todavía cuando en el pasado el país ha sido sacudido por movimientos que han provocado muertes y graves daños materiales.

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