El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis Henry Molina, no ha querido de despedirse del cargo sin formular algunas críticas, aunque bien matizadas, al proceso de evaluación y selección de los jueces de las altas cortes. Molina, quien renunció a permanecer en el cargo, subrayó que todos los partidos políticos “han actuado igualito” ante el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), aunque aclaró que lo han hecho en consonancia con la Constitución. La afirmación se presta a discusión, pues todavía está por verse si en la presente ocasión se optará para presidir la corte por un profesional relacionado con el presidente Luis Abinader o con el PRM. Sin bien resaltó la condición política de los magistrados, Molina desligó su gestión de intereses paartidarios. “Nadie puede decirme a mí”, acotó, “que yo tomé una decisión en función de un partido”. Al menos es obvio que quería poner algunas cosas claras, o en su justo contexto. Abinader ha promovido la designación de profesionales independientes en las altas cortes y en el Ministerio Público como un medio para fortalecer la institucionalidad. Pero los vínculos partidarios no son ni deben ser un obstáculo para la elección de jueces si cumplen con los requisitos morales y profesionales.
Torpedo de despedida





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