La orden del presidente Luis Abinader, ¿o de Donald Trump?, dada a conocer a través de la Cancillería, para que nueve diplomáticos cubanos y sus familias abandonen la República Dominicana, es un acto bochornoso, no sólo porque es irresponsable, sino por la evasiva argumentación respecto a un asunto tan delicado como las relaciones diplomáticas entre dos Estados.

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