Bajos de Haina, San Cristóbal. — Entre las calles de La Pared de Haina era un secreto a voces que las dinámicas dentro de la finca donde opera la Fundación Restaurando Vidas no eran normales. Residentes del sector El Feliciano coinciden en que el constante tránsito de niños, niñas y adultos entrando y saliendo del recinto, sumado a las deficiencias del lugar, levantaba sospechas continuas en la comunidad sobre lo que realmente ocurría en el interior del inmueble.

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