La cuestión no parece estar entre el pesimismo y el optimismo, sino en una realidad política cuyas consecuencias la mayoría percibe o padece. Quienes dirigen, ya sea como líderes o como políticos, dentro o fuera del poder, pueden seguir explotando durante años las percepciones que más convengan a sus intereses. Sin embargo, más temprano que tarde, la cruda realidad terminará alcanzándolos.

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